La cámara de recompresión es el equipo que convierte un accidente disbárico en un incidente tratable. No basta con tenerla: tiene que estar operativa, presurizable en minutos, con gas suficiente, con personal cualificado para manejarla y a una distancia del punto de buceo que permita usarla a tiempo. Todo eso lo fija la normativa aplicable y el plan de emergencia del proyecto.
En un punto de buceo profesional hay mucho equipo importante y uno del que se espera no tener que usar nunca. La cámara de recompresión es ese. Está ahí, ocupa espacio en cubierta, exige mantenimiento, consume gas en las pruebas y no produce absolutamente nada, hasta el día en que es lo único que importa.
Su presencia es también uno de los criterios más claros para distinguir una operación seria de una que no lo es.
Una cámara de recompresión es un recinto de acero capaz de mantener en su interior una presión superior a la atmosférica, con su sistema de suministro de gas, su control de atmósfera, su comunicación con el exterior y sus dispositivos para que los ocupantes respiren mezclas concretas.
Su uso terapéutico se basa en dos efectos. Al aumentar la presión, las burbujas de gas que se han formado en el organismo se reducen de tamaño y vuelven a disolverse, lo que alivia el problema mecánico inmediato. Y al respirar oxígeno a presión, se acelera la eliminación del gas inerte y mejora la oxigenación de los tejidos afectados.
El tratamiento no se improvisa: se aplican tablas establecidas, que fijan a qué presión se lleva al paciente, cuánto tiempo permanece allí, qué respira en cada fase y a qué ritmo se le devuelve a presión atmosférica. La elección de la tabla y su seguimiento son decisiones médicas.
Todo esto es el desenlace de un cuadro que se explica con más detalle en el artículo sobre la enfermedad descompresiva.
Aquí conviene ser preciso y a la vez prudente: las exigencias concretas varían entre jurisdicciones y entre esquemas de certificación, y cualquier cifra que se dé sin decir de qué normativa procede es información inútil o peligrosa.
Lo que sí puede afirmarse con carácter general es el patrón. Los esquemas profesionales exigen cámara en el propio lugar de trabajo, inmediatamente disponible, para el buceo con campana y para cualquier inmersión que implique descompresión programada. Para el buceo sin descompresión a profundidades moderadas, la exigencia se formula en términos de disponibilidad y de tiempo máximo de acceso a una instalación adecuada.
El criterio de fondo siempre es el mismo: el tiempo. Un accidente disbárico grave se trata mejor cuanto antes, y una cámara a la que se tarda horas en llegar es cualitativamente distinta de una que está a veinte pasos. Por eso el plan de emergencia del proyecto tiene que decir, por escrito y con nombres, dónde está la cámara, cómo se llega, cuánto se tarda y quién la opera.
La referencia aplicable es la normativa del país donde se bucea y el esquema del contrato. Verificar eso forma parte de lo que cualquier buzo debería comprobar antes de aceptar una campaña, igual que comprueba su reconocimiento médico o su seguro.
La configuración habitual en operaciones profesionales es la cámara de doble compartimento: dos recintos comunicados por una esclusa con puertas independientes. La razón es práctica. Con un solo compartimento, entrar o salir obliga a despresurizar a todo el mundo; con dos, un asistente puede entrar a mitad de tratamiento y se pueden pasar medicamentos, agua o material sin interrumpir nada.
El compartimento principal aloja al paciente y a su asistente, con literas o asientos, iluminación, comunicación bidireccional y máscaras o capuchas para respirar oxígeno. La esclusa es más pequeña y sirve de paso.
Alrededor de la cámara hay tanto o más equipo que dentro: el panel de control con sus manómetros y válvulas, el suministro de gas con sus botellas y su reserva, el sistema de análisis de la atmósfera interior, la comunicación y, si la campaña lo requiere, el sistema de control de temperatura y humedad. Nada de esto es opcional, y la gestión del gas se hace con la misma disciplina que en el panel de mezclas del buceo.
Operar una cámara no es abrir una válvula. Requiere personal formado y acreditado específicamente para ello, capaz de seguir una tabla, controlar velocidades de presurización y descompresión, gestionar la atmósfera interior y responder a lo que ocurra dentro.
En una operación de buceo, esa responsabilidad se integra en la cadena de mando: el supervisor de buceo dirige la respuesta, el operador de cámara ejecuta, y el tratamiento en sí se conduce con la asistencia del médico o del especialista en medicina hiperbárica designado, que puede estar presente o accesible por comunicación según lo previsto en el plan.
Muchas operaciones cuentan además con un miembro del equipo formado como técnico sanitario de buceo, capaz de dar la primera respuesta y de acompañar al paciente dentro de la cámara. Es una de las cualificaciones adicionales más útiles que puede tener un buzo y una de las que más peso dan a un currículum.
Tener cámara y tener cámara operativa son cosas distintas, y la diferencia se comprueba a diario.
Antes de cada jornada se verifica que la cámara presuriza, que hay gas suficiente para el peor escenario previsto, que la comunicación funciona, que las máscaras están en su sitio, que el acceso está despejado y que el personal designado está a bordo. Todo ello se registra. Un registro de verificaciones al día es, en la práctica, la mejor señal de que una operación está bien llevada.
Los fallos que se ven en la realidad casi nunca están en la cámara: están en el entorno. Gas justo, un compresor que lleva semanas sin arrancar, un pasillo lleno de material que impide llegar con una camilla, o un equipo que nunca ha ensayado el traslado de un buzo inconsciente desde el agua hasta dentro. Ese ensayo es exactamente lo que se practica en los simulacros, y por eso se hacen.
No todas las cámaras son iguales ni cumplen la misma función. Las cámaras de cubierta de las operaciones de buceo desde superficie son unidades relativamente compactas, pensadas para instalarse en el punto de trabajo y moverse con la campaña. Las de un buque de apoyo al buceo forman parte de la instalación del barco y son mucho mayores, porque tienen que alojar al equipo de saturación durante semanas.
Existen además cámaras concebidas para el traslado de un paciente ya presurizado, que permiten llevarlo hasta una instalación mayor sin devolverlo a presión atmosférica por el camino. Son el equivalente hiperbárico de una ambulancia, y su compatibilidad con la cámara de destino no es un detalle menor: acoplar dos sistemas que no encajan es un problema que se descubre en el peor momento posible.
Ese principio de acoplamiento es el mismo que gobierna la transferencia bajo presión en saturación, donde mover personas entre recintos sin perder presión es una operación rutinaria y perfectamente reglada.
Conviene recordar que la cámara no es solo un equipo de emergencia. En buceo de saturación el sistema de cámaras es la vivienda del equipo durante toda la campaña, y en buceo con campana se usa para la descompresión programada al final de cada jornada.
Es decir: para buena parte del oficio, entrar en una cámara no es la excepción sino la rutina. Y eso hace que la familiaridad con ella —cómo suena, cómo huele, cómo se comunica desde dentro— sea parte de la formación básica de cualquiera que aspire a trabajar en el buceo profesional offshore.
Este artículo describe cómo se organiza el recurso, no cómo se trata a un paciente. Cualquier decisión clínica corresponde al personal médico competente.
Un recinto presurizable donde se somete a una persona a una presión superior a la atmosférica para tratar una enfermedad descompresiva o una embolia gaseosa, siguiendo una tabla de tratamiento y respirando normalmente oxígeno a presión.
Depende de la normativa aplicable y del tipo de inmersión. Los esquemas profesionales exigen cámara en el lugar para el buceo con campana y para inmersiones con descompresión, y fijan condiciones de disponibilidad y proximidad para el resto. La referencia válida es siempre el marco legal del país y el esquema del proyecto.
Personal específicamente formado y acreditado como operador de cámara, bajo la responsabilidad del supervisor de buceo y con la asistencia del médico o especialista en medicina hiperbárica del proyecto para el tratamiento en sí.
Una cámara con dos recintos separados por una esclusa, de forma que alguien puede entrar o salir sin despresurizar al paciente. Es lo que permite que un asistente entre a mitad de tratamiento o que se pasen medicamentos y material.
No. En buceo de saturación la cámara es además el lugar donde vive el equipo durante toda la campaña, y en buceo con campana se usa también para la descompresión programada. El uso terapéutico es solo una de sus funciones.
Rara vez la cámara en sí. Lo que falla es el entorno: gas insuficiente, un compresor que no arranca, comunicación que no funciona, personal que no ha practicado el procedimiento o acceso bloqueado por material en cubierta. Por eso las verificaciones son diarias y documentadas.
Publicado el 1 de septiembre de 2026 · Por Arthur More, buzo de saturación profesional