El LARS es el conjunto mecánico que baja y sube la campana de buceo desde el barco hasta la profundidad de trabajo. Incluye el cable principal, las guías, el chicote umbilical, la compensación de movimiento y un camino de recuperación de emergencia independiente. Es el eslabón entre el sistema de vida y el fondo del mar.
La campana cerrada es la cápsula que traslada al equipo de buzos desde el sistema de vida presurizado hasta el punto de trabajo. El sistema que la mueve tiene su propio nombre en la industria: LARS, siglas inglesas de sistema de lanzamiento y recuperación. Es una máquina grande, cara y regulada al detalle, y merece una explicación propia porque casi toda la seguridad del ciclo depende de ella.
La configuración concreta cambia según el buque, pero los elementos son siempre los mismos:
Hay dos arquitecturas. En los buques con moonpool, la campana baja por un pozo abierto en el centro del casco, que es la zona de menor movimiento y que además la protege del oleaje durante el tránsito por la superficie. En los sistemas de costado, la campana se lanza por un pórtico sobre la borda. El pozo central es netamente mejor en mar agitada, y por eso los buques de apoyo al buceo construidos para el Mar del Norte lo incorporan de serie.
Un barco sube y baja con la ola. Una campana suspendida de un cable, si nada lo remedia, hace lo mismo con retraso y amplificación. El resultado son tirones sobre el cable, sobre el umbilical y sobre los buzos, y en el peor caso el impacto contra la estructura de trabajo.
Los sistemas pasivos usan un acumulador hidroneumático que actúa como muelle amortiguador. Los activos miden el movimiento del buque y ordenan al chigre que cobre o arríe en tiempo real para mantener la campana quieta respecto al fondo. La compensación activa es más eficaz y también más compleja, y su fallo debe estar contemplado en el procedimiento.
Este es uno de los puntos donde el posicionamiento dinámico del buque y el LARS trabajan juntos: si el barco mantiene su posición y su rumbo con precisión, la carga sobre el sistema de lanzamiento se reduce drásticamente.
El ciclo completo, muy resumido, funciona así:
Que la campana no se descomprima nunca durante el ciclo es lo que permite que la descompresión ocurra una sola vez, al final de la campaña, y no en cada inmersión.
Es la pregunta que hace todo el mundo, y la respuesta explica cómo está diseñado el sistema. La campana no depende del buque para mantener con vida a sus ocupantes durante un tiempo prolongado. Lleva a bordo:
Las guías del sector fijan un mínimo de veinticuatro horas de soporte vital autónomo en la campana, y los procedimientos de rescate hiperbárico están dimensionados para un plazo mayor. A eso se añade, en el nivel superior de contingencia, la unidad de evacuación hiperbárica del buque, pensada para trasladar a todo el equipo bajo presión si hay que abandonar el barco.
El fallo del LARS es, por tanto, una emergencia grave y prevista, con procedimiento escrito, buzo de reserva, recuperación secundaria y ensayo periódico. Como en casi todo lo que se hace bien en este sector, la respuesta no es un truco heroico: es un plan que alguien ya escribió y que el equipo ha practicado. Ese es el mismo espíritu que recogen las guías de IMCA y que se acredita en las certificaciones del sector.
Un LARS es un equipo de elevación de personas, y eso lo coloca en la categoría regulatoria más exigente que existe en maquinaria marina. No se le aplican los criterios de una grúa de carga, sino los de un ascensor con vidas dentro, con factores de seguridad superiores y periodicidades de inspección más cortas.
El programa habitual combina comprobaciones antes de cada lanzamiento —recorrido visual de cables, terminales, frenos, mandos y sistema de emergencia—, inspecciones periódicas con ensayos no destructivos sobre los elementos sometidos a carga, sustitución de cables por criterio de horas o de estado, pruebas de carga documentadas y verificación funcional del camino de recuperación secundario. Este último punto es crítico: un sistema de emergencia que nunca se prueba no es un sistema de emergencia, es una suposición.
Cada LARS tiene definida una ventana de condiciones dentro de la cual puede operar: altura de ola significativa, periodo, velocidad de viento y, en buques con posicionamiento dinámico, criterios de estabilidad del sistema de posicionamiento. Cuando la previsión sale de esa ventana, la campana no se lanza, y si ya está fuera, se recupera.
Esa decisión suele ser el punto de fricción más habitual entre la operación y el cliente, porque cada hora de buque parado cuesta dinero. También es el punto donde la cadena de mando demuestra si está bien construida: los límites operativos son del sistema, no del ánimo de nadie, y no se negocian sobre la marcha.
El sistema de lanzamiento no es un accesorio que se añade a un barco existente. Su peso, su altura de trabajo y las cargas que transmite al casco determinan la disposición general del buque: la posición del pozo central, la estructura de refuerzo bajo el pórtico, la ubicación del sistema de saturación para minimizar la longitud del acoplamiento y el espacio de cubierta que queda disponible para el trabajo de construcción. Cuando se compara un buque de apoyo al buceo con otro, buena parte de las diferencias visibles en el plano general responden a decisiones tomadas alrededor de esta máquina.
Launch and Recovery System, sistema de lanzamiento y recuperación. Es el conjunto de chigres, cables, guías y compensación de movimiento que baja y sube la campana de buceo entre el buque y la profundidad de trabajo.
El pozo central o moonpool atraviesa el casco por su zona de menor movimiento y protege la campana del oleaje durante el paso por la superficie. El lanzamiento por costado usa un pórtico sobre la borda y tolera peor la mar agitada.
Para que el balanceo del buque no se transmita a la campana en forma de tirones sobre el cable y el umbilical. Los sistemas pasivos amortiguan con un acumulador hidroneumático; los activos mueven el chigre en tiempo real para mantener la campana quieta.
Dispone de gas propio, depuradores de dióxido de carbono, medios térmicos, comunicación a través del agua y lastre soltable. Las guías del sector exigen un mínimo de veinticuatro horas de soporte vital autónomo, y existe un camino de recuperación secundario independiente del principal.
Porque la atmósfera de helio conduce el calor mucho mejor que el aire y el cuerpo se enfría con rapidez. Por eso la campana lleva calefacción o aislamiento de emergencia y por qué se prioriza mantener la temperatura sobre casi cualquier otra cosa.
Lo habitual son dos: el buzo que sale a trabajar y el buzo de reserva, que permanece dentro listo para intervenir. Algunos diseños admiten tres ocupantes, con un tercer tripulante en la campana.
Publicado el 24 de agosto de 2026 · Por Arthur More, buzo de saturación profesional