Los tejidos del cuerpo absorben gas inerte hasta llegar a un punto de equilibrio con la presión ambiente. Una vez alcanzado ese punto —la saturación— ya no entra más gas, da igual que pasen tres días o tres semanas. Por eso el tiempo de descompresión depende de la profundidad y no de la duración de la estancia.
Es la pregunta que mejor resume por qué existe el buceo de saturación: si descomprimir desde 120 metros lleva días, ¿cómo puede un buzo trabajar ahí abajo un mes entero y descomprimir una sola vez al final?
La respuesta está en un principio fisiológico sencillo de enunciar. Y entenderlo bien explica de paso todo el modelo económico y operativo del sector.
Al respirar una mezcla a presión, los gases se disuelven en la sangre y desde ahí pasan a los tejidos. El oxígeno se consume en el metabolismo, pero el gas inerte —nitrógeno en el aire, helio en las mezclas de saturación— no se consume: se acumula.
La cantidad que se disuelve depende de la presión parcial de ese gas y de la afinidad del tejido. Cada tipo de tejido tiene una velocidad distinta: la sangre y los tejidos muy vascularizados se cargan en minutos, mientras que la grasa, el hueso o el cartílago tardan horas.
Ese proceso no es infinito. Cada tejido va cargándose cada vez más despacio a medida que se aproxima al equilibrio con la presión ambiente, siguiendo una curva que se aplana. Llega un momento en que la presión del gas disuelto en el tejido iguala la presión del gas respirado y el intercambio neto se detiene.
A eso se le llama saturación: el tejido está lleno para esa presión. A partir de ahí, seguir respirando la misma mezcla a la misma presión no añade nada. El buzo puede pasar allí tres días o tres semanas y la carga de gas de su cuerpo será exactamente la misma.
Los tejidos más lentos del organismo tardan del orden de un día en llegar al equilibrio. Por eso, en la práctica operativa, se considera que un buzo está saturado tras aproximadamente 24 horas a presión constante. A partir de ese momento, la obligación de descompresión ya no crece.
Aquí está la clave de todo el modelo. En buceo de superficie, cada inmersión implica su propia descompresión: bajas, trabajas un rato limitado, subes descomprimiendo, y al día siguiente repites. El tiempo productivo en el fondo es una fracción pequeña del tiempo total.
En saturación se paga la descompresión una sola vez. Se presuriza al equipo al inicio, se le mantiene a presión durante toda la campaña, y se descomprime al final. Todo el tiempo intermedio es tiempo disponible para trabajar.
Multiplicado por semanas de campaña y por varios equipos rotando en turnos continuos, la diferencia de productividad frente al buceo de superficie es abrumadora. Es lo que justifica el coste de un sistema de saturación y de un DSV. Las diferencias completas entre ambos regímenes están en el artículo sobre saturación frente a buceo de superficie.
La descompresión de saturación no se parece a las paradas de un buceo convencional. No hay escalones marcados ni tiempos de espera en cotas concretas: es un ascenso de presión continuo y muy lento dentro de las cámaras del sistema.
El ritmo se expresa en metros por hora o por día y es notablemente lento. Como orden de magnitud, la descompresión desde cotas de saturación habituales se cuenta en días, no en horas: varios días para las profundidades de trabajo típicas del sector.
Lo relevante es que ese tiempo depende de la profundidad de almacenamiento del sistema, no de cuánto tiempo se haya pasado en él. Es exactamente el mismo tiempo tanto si la campaña ha durado diez días como si ha durado veintiocho.
Los buzos siguen dentro del sistema, en las cámaras de alojamiento, sin trabajar. Duermen, comen, leen, ven películas. Es tiempo remunerado y computa como parte de la campaña, pero es tiempo muerto desde el punto de vista productivo, y por eso los operadores no lo alargan innecesariamente.
La atmósfera se controla de forma continua durante todo el proceso: composición del gas, presión parcial de oxígeno, dióxido de carbono, temperatura y humedad. Los técnicos de soporte vital vigilan esos parámetros las veinticuatro horas.
La razón es la formación de burbujas. Cuando la presión ambiente baja, el gas disuelto en los tejidos deja de caber en solución y tiende a salir. Si esa reducción de presión es lenta, el gas se transporta por la sangre hasta los pulmones y se elimina al respirar. Si es rápida, forma burbujas dentro de los tejidos y de la circulación.
Esas burbujas son la enfermedad descompresiva. Pueden alojarse en articulaciones, en la médula espinal, en el oído interno o en el pulmón, y las consecuencias van desde el dolor articular hasta lesiones neurológicas permanentes.
Las mezclas de saturación usan helio porque el nitrógeno a esas presiones parciales produce narcosis y porque el helio, al ser mucho menos denso, reduce el trabajo respiratorio. Pero el helio tiene su propio comportamiento: difunde más rápido que el nitrógeno, lo que hace que la saturación se alcance antes, y también que la desaturación sea distinta.
Un fenómeno particular del helio en saturación es la necrosis ósea disbárica, una lesión del hueso asociada a la exposición hiperbárica prolongada y a descompresiones inadecuadas. Es una de las razones por las que las tablas de descompresión de saturación son deliberadamente conservadoras y por las que el seguimiento médico de los buzos de saturación es exigente.
Hay un matiz importante que mucha gente pasa por alto. Que el buzo esté saturado a una profundidad determinada no significa que pueda moverse libremente por la columna de agua.
El cuerpo está en equilibrio con la presión de almacenamiento. Si el buzo asciende por encima de esa cota, aunque siga dentro del régimen de saturación, experimenta una reducción de presión y puede formar burbujas. Si desciende por debajo, absorbe gas adicional que después habrá que eliminar.
Por eso existen tablas de excursión que fijan cuántos metros por encima y por debajo de la cota de almacenamiento puede desplazarse el buzo. Cuando el trabajo exige otra profundidad, no se estira la excursión: se modifica la cota del sistema completo, de forma controlada y con su tiempo correspondiente. El funcionamiento del traslado desde el sistema hasta el fondo está en el artículo sobre la campana cerrada.
Este es el punto que hace que la saturación se planifique con tanto cuidado. Un buzo saturado no puede salir del sistema. Si sufre una apendicitis, una fractura o cualquier urgencia médica, no se le puede sacar y llevar a un hospital: descomprimirlo lleva días.
La respuesta del sector a ese problema tiene dos patas. La primera es la selección y el seguimiento médico previos, que buscan reducir al mínimo la probabilidad de que aparezca una urgencia evitable durante la campaña. Es una de las razones de la exigencia del reconocimiento médico de buceo comercial.
La segunda es la cámara de rescate hiperbárico. Los sistemas de saturación llevan una cámara desmontable, transferible bajo presión, que permite evacuar a los ocupantes del sistema manteniéndolos presurizados y trasladarlos a otra instalación hiperbárica. Es equipo obligatorio y se entrena su uso periódicamente.
Para incidencias médicas menores, el personal del buque incluye habitualmente formación en medicina hiperbárica y hay asesoramiento médico especializado disponible de forma remota.
Las tablas y los procedimientos de descompresión de saturación no las improvisa cada operador. Provienen de décadas de investigación fisiológica y de la experiencia acumulada del sector, y se recogen en guías reconocidas internacionalmente y en los procedimientos propios de cada contratista, auditados por sus clientes.
Ese cuerpo de conocimiento es una de las razones por las que la saturación, siendo una actividad de riesgo, tiene un historial de seguridad razonable cuando se hace bien. Y también por qué el sector es tan poco tolerante con los atajos: los márgenes de las tablas están ahí por algo.
Si quieres el marco completo del régimen de saturación, empieza por la guía sobre qué es un buzo de saturación, y para entender cómo se estructura una campaña, por cuánto dura una campaña de saturación.
Los tejidos más lentos del organismo alcanzan el equilibrio con la presión ambiente en un plazo del orden de 24 horas. A partir de ese punto se considera al buzo saturado y su obligación de descompresión deja de aumentar por mucho que prolongue la estancia.
Se cuenta en días, no en horas, y depende de la profundidad de almacenamiento del sistema. Es un ascenso de presión continuo y muy lento dentro de las cámaras, no una serie de paradas como en el buceo convencional.
Desde el punto de vista de la descompresión, sí. Una vez saturados los tejidos, la carga de gas del cuerpo no aumenta y el tiempo de descompresión es el mismo. Lo que sí cambia es el desgaste físico y psicológico de la persona.
Porque el nitrógeno a esas presiones parciales produce narcosis y porque el helio, mucho menos denso, reduce el trabajo respiratorio. A cambio, el helio tiene una conductividad térmica alta, lo que obliga a controlar muy estrictamente la temperatura del sistema.
No se le puede sacar del sistema, porque descomprimirlo lleva días. Los sistemas llevan una cámara de rescate hiperbárico desmontable que permite evacuar a los ocupantes manteniéndolos presurizados y trasladarlos a otra instalación hiperbárica.
No. Existen tablas de excursión que limitan cuántos metros puede desplazarse por encima y por debajo de la cota de almacenamiento. Si el trabajo exige otra profundidad, se modifica de forma controlada la cota de todo el sistema.
Publicado el 20 de agosto de 2026 · Por Arthur More, buzo de saturación profesional