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Cómo es la descompresión final de una campaña de saturación

En breve

Al final de una campaña, el equipo pasa varios días subiendo muy despacio dentro de la cámara hasta la presión atmosférica. Es un proceso lento, medido y vigilado médicamente, en el que el cuerpo elimina el helio disuelto. No se puede acortar: la velocidad la marca la fisiología, no el calendario del cliente.

Después de semanas viviendo a presión, trabajando por turnos y bajando en campana, llega el último día de trabajo. Y entonces empieza la parte que menos aparece en los reportajes: la descompresión final, varios días encerrados sin hacer nada mientras la aguja del manómetro baja a un ritmo que parece exasperante.

Por qué hace falta y por qué solo una vez

Durante la campaña, los tejidos del buzo se han saturado de helio a la presión de almacenamiento. Saturado significa literalmente eso: han absorbido todo el gas que pueden absorber a esa presión, y a partir de ahí el tiempo adicional ya no cambia la cantidad disuelta. Esa es la propiedad que hace posible todo el sistema y que se explica con detalle en por qué el buzo de saturación descomprime una sola vez.

La consecuencia es que la descompresión no depende de cuántos días hayan pasado —diez o veintiocho da igual—, sino de la profundidad de almacenamiento. Devolver el cuerpo a presión atmosférica exige eliminar todo ese gas por vía respiratoria sin que forme burbujas por el camino. Y eso lleva su tiempo.

A qué velocidad se sube

Las tablas concretas son propiedad de cada operador y varían según profundidad, mezcla y normativa aplicable, así que cualquier cifra exacta que se dé como universal es falsa. El orden de magnitud, en cambio, es consistente en toda la industria: se asciende unos pocos metros por hora, con periodos de parada prolongados, y la duración total ronda un día por cada veinticinco o treinta metros de profundidad de almacenamiento.

En la práctica eso significa que una saturación a cien metros se descomprime en unos cuatro días, y una campaña más profunda puede llevar una semana. Con dos particularidades:

Qué se hace durante esos días

Nada, y esa es la parte difícil. El trabajo ha terminado, el equipo sigue encerrado en el mismo espacio de siempre, y ya no hay turnos que estructuren el día. Se lee, se ven películas, se duerme mucho, se habla con superficie. La atmósfera de la cámara se va enriqueciendo en nitrógeno a medida que baja la presión, así que la voz recupera poco a poco su tono normal y el ambiente se hace térmicamente más llevadero.

Muchos buzos describen esos días como la peor parte de la campaña, más que el trabajo. Es un tramo en el que el cuerpo pide salir y el reloj no acompaña. Quien quiera hacerse una idea del entorno puede leer cómo se vive dentro de la cámara de saturación.

El control médico

Durante toda la descompresión, el técnico de soporte vital mantiene el registro de parámetros atmosféricos y el supervisor vigila el estado del equipo con revisiones a intervalos fijos. Se pregunta activamente por síntomas: dolor articular, hormigueos, alteraciones cutáneas, mareo, cambios de sensibilidad. Hay un médico hiperbárico disponible, presencial o localizable, y la propia cámara es la instalación de tratamiento si hace falta.

La ventaja de descomprimir dentro del sistema es evidente: si aparece un signo de enfermedad descompresiva, la respuesta es inmediata. Basta con recomprimir, es decir, deshacer parte de lo andado, estabilizar y reanudar después con un perfil más conservador. No hay traslado, no hay espera, no hay ambulancia. Ese es uno de los motivos por los que, en términos estadísticos, la descompresión de saturación bien conducida es notablemente segura.

Qué se siente

Lo más frecuente no es dolor, sino cansancio. Una fatiga profunda que muchos atribuyen al proceso mismo y que puede prolongarse varios días después de salir. Aparecen también:

Cualquiera de esos síntomas se comunica al supervisor. La cultura profesional en este punto es clara: callarse una molestia para no retrasar la salida es el error más caro que puede cometer un buzo, porque lo que se juega es una lesión medular potencialmente permanente.

Después de la puerta

Salir de la cámara no cierra el proceso. Hay restricciones posteriores que forman parte del procedimiento y que las guías del sector establecen de forma explícita:

Esas restricciones condicionan la logística de la vuelta a casa y explican por qué las rotaciones del buzo offshore incluyen siempre un margen entre la salida de la cámara y el vuelo de regreso.

Por qué no se puede acelerar

Es la pregunta que más se repite, normalmente desde el lado del cliente, cuando el buque tiene una ventana meteorológica que se cierra o un contrato que corre. La respuesta es que la velocidad de eliminación del gas disuelto la fija la fisiología del transporte de gases en los tejidos, y no hay palanca operativa que la modifique. Comprimir de nuevo se puede hacer en minutos; descomprimir, no.

Por eso la descompresión final se planifica como una fase del contrato desde el primer día, con su coste de buque, de tripulación y de tiempo. Es una de las razones de que una intervención en saturación sea cara y de que se decida con lápiz antes de movilizar nada, como se explica en el desglose de lo que cobra un buzo y en los mercados donde se opera.

Qué cambia en el cuerpo durante esos días

La descompresión no es solo esperar. Es un proceso activo en el que el gas disuelto pasa desde los tejidos a la sangre y de la sangre al gas alveolar, para expulsarse en cada respiración. La velocidad de ese trasvase no es igual en todos los tejidos: la sangre y los órganos bien irrigados se vacían deprisa, mientras que la grasa, el hueso y el cartílago tardan mucho más. Las tablas de descompresión no son otra cosa que una gestión del compartimento más lento.

Ese desfase explica dos hechos que desconciertan a los que llegan nuevos. El primero, que el ritmo de ascenso deba mantenerse incluso cuando todo el mundo se siente perfectamente: los tejidos lentos no dan señales. El segundo, que los síntomas de un problema puedan aparecer horas después de una maniobra concreta y no en el momento.

Temperatura, hidratación y descanso

Tres variables que el equipo controla y que influyen de forma directa en la eficacia de la eliminación de gas. La temperatura de la cámara se mantiene en una franja estrecha, porque el frío reduce la perfusión periférica y ralentiza el trasvase justo donde más falta hace. La hidratación se vigila de forma explícita, ya que la deshidratación empeora la reología sanguínea. Y el descanso importa porque el ejercicio intenso durante la descompresión favorece la formación de núcleos gaseosos.

Nada de eso es exótico: son las mismas variables que cuidaría cualquier buzo tras una inmersión ordinaria, solo que aquí se gestionan de forma continua durante días y quedan registradas turno a turno por el equipo de soporte vital.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura la descompresión de una saturación?

Depende de la profundidad de almacenamiento, no de la duración de la campaña. El orden de magnitud habitual es de un día por cada veinticinco o treinta metros, de modo que una saturación a cien metros ronda los cuatro días.

¿Por qué la duración no depende de los días que se ha estado abajo?

Porque los tejidos se saturan de gas inerte hasta un límite que depende solo de la presión. Una vez alcanzado, permanecer más tiempo no añade gas disuelto y por tanto no alarga la descompresión.

¿Se descomprime también por la noche?

No. Lo habitual es detener el ascenso durante el periodo de sueño y mantener la presión estable, porque la vigilancia de síntomas y la respuesta ante un problema son peores mientras el equipo duerme.

¿Qué se siente durante la descompresión final?

Sobre todo cansancio, junto con molestias articulares leves, picor cutáneo, sensación de frío y sueño irregular. Cualquiera de esos síntomas debe comunicarse al supervisor, porque puede ser el primer signo de enfermedad descompresiva.

¿Qué ocurre si aparece un síntoma de enfermedad descompresiva?

Se recomprime dentro del propio sistema, se estabiliza al buzo y se reanuda después con un perfil más conservador. La ventaja de descomprimir en la cámara es que la instalación de tratamiento es la misma en la que ya está el paciente.

¿Se puede volar justo después de salir de la cámara?

No. Existe un periodo mínimo de espera antes de volar, porque la presión de cabina de un avión equivale a continuar ascendiendo. Ese margen se incorpora a la planificación del viaje de vuelta del buzo.

Publicado el 24 de agosto de 2026 · Por Arthur More, buzo de saturación profesional

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