El corte térmico submarino quema el acero con un electrodo exotérmico alimentado con oxígeno. Funciona a cualquier profundidad de trabajo, pero genera hidrógeno y oxígeno que pueden acumularse en espacios cerrados y explotar. Por eso el procedimiento —purga, ventilación y control eléctrico desde superficie— importa tanto como la técnica.
Cortar acero bajo el agua es una de las tareas más habituales del buceo comercial: retirar un tramo de estructura dañado, abrir una ventana en un casco, liberar un tubo atascado o desmantelar una plataforma al final de su vida útil. El agua no impide que el acero arda; solo cambia las condiciones. Lo que cambia de verdad respecto al corte en superficie es el riesgo, y ese riesgo es el que dicta el procedimiento.
Bajo el agua se emplean dos familias de técnicas. El corte térmico funde o quema el metal mediante una reacción química y un arco eléctrico. El corte mecánico o «en frío» lo separa por abrasión o por fuerza: sierras hidráulicas, discos, hilo de diamante, cizallas o chorro de agua abrasivo. Cada una tiene su terreno, y la elección casi nunca es una cuestión de gusto del buzo, sino de lo que permita el análisis de riesgos.
Dentro del corte térmico, el método dominante en trabajo profesional es el oxicorte con electrodo exotérmico, conocido también como corte por oxi-arco. Otras variantes —el electrodo tubular de acero clásico o los sistemas de plasma— han quedado relegadas a usos concretos.
El electrodo es un tubo hueco relleno de varillas metálicas, habitualmente aleaciones que arden con facilidad en presencia de oxígeno puro. Por el interior del tubo circula oxígeno a presión desde superficie. La secuencia es simple de describir y exige práctica para ejecutarla bien:
La consecuencia práctica de que el electrodo arda por reacción química es que, una vez encendido, sigue quemando aunque se corte la corriente. Por eso puede cortar materiales que no conducen la electricidad —hormigón, fundición, aleaciones no férricas, incluso hormigón armado— y por eso también es peligroso: no se apaga soltando el gatillo, se apaga cerrando el oxígeno.
Un cabezal de corte submarino es una pinza aislada con un gatillo o válvula de oxígeno y una mordaza que sujeta el electrodo. Detrás hay tres cosas que no maneja el buzo: la fuente de corriente continua, un interruptor de corte positivo en superficie y la línea de oxígeno con su regulador. El interruptor es un elemento de seguridad, no de comodidad. El circuito solo está energizado cuando el buzo lo pide expresamente por comunicaciones y el tender lo confirma. Terminado el corte, se abre otra vez.
La polaridad estándar es corriente continua con el electrodo en negativo. La polaridad inversa acelera de forma brutal la degradación electrolítica del portaelectrodos y de cualquier metal del equipo del buzo, y está proscrita en trabajo submarino. Este detalle, junto con la puesta a tierra correcta de la pieza, forma parte de las comprobaciones previas que se documentan antes de meter a nadie en el agua.
La reacción de corte produce gas en cantidad. Parte es hidrógeno procedente de la disociación del agua en el arco; parte es oxígeno que no ha llegado a reaccionar. Esa mezcla es explosiva en un rango amplísimo de proporciones, y el agua no la neutraliza: la empuja hacia arriba.
Mientras el buzo trabaja en estructura abierta, las burbujas escapan y no pasa nada. El problema aparece cuando por encima del punto de corte hay un techo: el interior de un casco, un tanque, un cajón, un tubo ciego, el trasdós de una plancha, el hueco entre dos mamparos. Ahí el gas se acumula hasta formar una bolsa, y basta una chispa o el propio frente de corte al atravesar la chapa para que detone. Los accidentes graves de corte submarino documentados a lo largo de las últimas décadas responden en su gran mayoría a este mecanismo, no a quemaduras ni a electrocución.
De ahí las reglas que todo supervisor aplica sin discusión:
La ventilación no es un trámite. Es la medida que separa una jornada normal de un accidente que en espacio confinado no deja margen de reacción, como recuerda cualquier repaso a los riesgos reales del buceo profesional.
El corte térmico es rápido, tolera geometrías incómodas y no necesita anclar una máquina a la pieza. A cambio, aporta calor y genera gas. El corte mecánico —sierras y cizallas hidráulicas, hilo de diamante, chorro abrasivo— es más lento y exige montaje, pero no introduce ninguna fuente de ignición.
Por eso, en la práctica, hay situaciones en las que el corte en frío deja de ser una alternativa y pasa a ser obligatorio: conducciones que han transportado hidrocarburos, cascos con tanques adyacentes, entornos con riesgo de atmósfera inflamable o trabajos en instalaciones donde el cliente prohíbe expresamente el trabajo en caliente. En desmantelamiento de estructuras se combinan ambos: corte en frío para los tramos comprometidos y oxicorte para el acero estructural abierto. Buena parte de las herramientas hidráulicas submarinas del contenedor de una campaña existen precisamente para cubrir esos casos.
Hay un tercer factor menos evidente: el material que queda después. El corte térmico deja una zona afectada por el calor y un borde irregular. Si la pieza va a volver a soldarse con requisitos de calidad, habrá que preparar el borde; en trabajos de soldadura hiperbárica con exigencias de código, ese repaso está previsto en el procedimiento.
El corte no es una habilitación aparte que se obtenga por internet: forma parte de las competencias de trabajo que se enseñan en los cursos de buzo comercial reconocidos y que después se consolidan en obra. En los programas de escuelas de buceo comercial aparece como módulo práctico dentro del bloque de trabajos submarinos, junto con la soldadura húmeda, el uso de herramienta hidráulica y el rigging.
Lo que separa a un buzo que corta bien de otro que corta rápido es el criterio: saber leer la estructura antes de encender, identificar dónde puede quedar atrapado el gas, avisar de lo que ve al supervisor y detenerse cuando algo no cuadra. Esa capacidad de parar es explícita en el permiso de trabajo y no depende de la antigüedad de nadie. Si quieres saber cómo se llega hasta aquí, el itinerario está en cómo formarse como buzo comercial, y el mapa de empresas que contratan este tipo de trabajo, en el directorio de compañías.
No. El oxicorte convencional de superficie depende de una llama de precalentamiento que el agua apaga. Bajo el agua se usa el electrodo exotérmico, que arde por reacción química interna alimentada con oxígeno y no necesita llama exterior.
Porque es una medida de seguridad. Con un interruptor de corte positivo en superficie, el circuito solo está energizado durante el tiempo estrictamente necesario y a petición expresa del buzo por comunicaciones, lo que reduce el riesgo de arco accidental y de degradación electrolítica del equipo.
La acumulación de hidrógeno y oxígeno en espacios cerrados por encima del punto de corte. Esa bolsa de gas es explosiva y ha sido la causa de la mayoría de los accidentes graves documentados. Se controla ventilando, practicando agujeros de venteo y purgando antes de aplicar calor.
Sí. Como la reacción no depende de que el material conduzca la electricidad, el electrodo exotérmico corta hormigón, fundición y aleaciones no férricas, además de acero. El arco solo se usa para el encendido inicial.
Cuando existe riesgo de atmósfera inflamable: tuberías y tanques que han contenido hidrocarburos, compartimentos cerrados no ventilables o instalaciones donde el cliente prohíbe el trabajo en caliente. En esos casos se recurre a hilo de diamante, sierra hidráulica, cizalla o chorro abrasivo.
No es una titulación independiente. El corte térmico forma parte del temario práctico de los cursos de buzo comercial reconocidos y se acredita dentro de la cualificación general, complementada por la experiencia registrada en el libro de inmersiones.
Publicado el 24 de agosto de 2026 · Por Arthur More, buzo de saturación profesional