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Retirada de artes de pesca perdidas: un nicho para buzos

En breve

Las redes y aparejos perdidos siguen pescando durante años y se enganchan en pecios, arrecifes y estructuras. Retirarlos es un trabajo submarino con demanda creciente, financiado por programas ambientales, puertos y administraciones. Técnicamente es exigente: el riesgo de enredo es el mayor de la operación y condiciona todo el método.

Un arte de pesca que se pierde no desaparece. Se queda donde cayó, enganchado a un pecio, a un arrecife rocoso, a una estructura portuaria o simplemente al fondo, y sigue haciendo aquello para lo que fue diseñado durante años. A eso se le llama pesca fantasma, y es uno de los problemas ambientales del mar sobre los que más consenso hay.

Para el buceo profesional, esto ha ido generando un nicho de trabajo modesto pero real, con una particularidad: técnicamente es de los trabajos submarinos que más respeto merecen, porque concentra el riesgo en un peligro que no perdona errores de método.

Por qué es un trabajo distinto

La mayoría de los trabajos submarinos tienen un objeto estable: un pilote, una tubería, un casco. Aquí el objeto es un material flexible, tridimensional, que se mueve con la corriente, que a menudo no se ve entero desde ningún punto y que está diseñado precisamente para atrapar cosas.

El peligro dominante es el enredo. No es teórico: un paño suelto que se mueve puede envolver el casco, el umbilical o el arnés en segundos, y en agua turbia el buzo puede no darse cuenta hasta que intenta retroceder. Todo el diseño de la operación —desde el número de personas hasta el orden de los cortes— sale de asumir ese riesgo como el principal.

Localización previa

Antes de meter a nadie en el agua conviene saber qué hay abajo. La localización combina varias fuentes: la información de quien reportó la pérdida, las cartas y batimetrías de la zona, el barrido con sonar y, cuando la profundidad o la extensión lo justifican, una inspección previa con vehículo remoto.

Ese reconocimiento previo aporta tres cosas que cambian el trabajo: la extensión real del arte, que casi siempre es mayor de lo que se supone; el tipo de material —no es lo mismo un paño de red ligera que un palangre con anzuelos o un aparejo con cabo de gran diámetro—; y los puntos de agarre, es decir, dónde está enganchado y qué pasará cuando se libere.

Ese último punto es el que más se subestima. Un arte enganchado puede estar sosteniendo tensión, y cortar por el sitio equivocado puede liberar energía almacenada de golpe.

Método de trabajo

El principio que ordena todo lo demás es sencillo: el buzo trabaja siempre desde fuera del arte hacia dentro, nunca por debajo ni por el interior de una estructura de red. Nada de atajos por dentro de una malla para llegar antes al otro lado.

El trabajo se secciona. Se elige un tramo manejable, se libera de sus puntos de agarre, se corta y se prepara para elevar. Después se pasa al siguiente. Intentar sacar un arte completo de una sola pieza es la vía rápida a un problema: el peso es imprevisible, el conjunto puede desplazarse sobre el buzo y la tracción desde superficie sobre algo enganchado puede arrancar parte de la estructura a la que se agarra.

Herramienta de corte

Herramienta manual y con redundancia. Cuchillos, cizallas y cortadores específicos para cabo y malla, montados de forma que sean accesibles con cualquiera de las dos manos y sin soltar lo que se esté sujetando. La regla no escrita es que un buzo que trabaja entre redes lleva siempre más de un medio de corte, porque el momento en que se necesita el segundo es exactamente el momento en que no se puede ir a buscarlo.

Los medios mecánicos e hidráulicos tienen su lugar en material muy grueso, pero traen consigo mangueras adicionales que son, a su vez, algo más que puede enredarse. Cada elemento que entra al agua debe justificarse.

Elevación

El tramo cortado se sube de forma controlada, con bolsas de elevación o con medios de superficie según el peso y el sitio. El riesgo típico aquí es la subestimación: una red cargada de biomasa, arena y sedimento pesa mucho más de lo que aparenta, y la flotabilidad de una bolsa aumenta al ascender. Las reglas de manejo de cargas están desarrolladas en el artículo sobre bolsas de elevación, y se aplican aquí sin excepciones.

Un detalle específico de este trabajo: el buzo nunca acompaña la carga en el ascenso ni se sitúa bajo la vertical. Con un objeto que puede soltarse o desplegarse al subir, esa disciplina es innegociable.

Seguridad: el plan de escape

En un trabajo de retirada de redes, el análisis de riesgos tiene un capítulo que no aparece igual en otros trabajos: qué se hace si el buzo queda enredado.

Los elementos habituales son la disponibilidad inmediata de un buzo de reserva preparado para intervenir, la redundancia de medios de corte, la gestión rigurosa del umbilical desde superficie —longitud justa, sin seno sobrante flotando cerca del arte—, y una comunicación clara y continua. Un umbilical con exceso de holgura es el primer candidato a enredarse en cuanto hay corriente.

La visibilidad reducida agrava todo lo anterior. Cuando el agua no acompaña, el trabajo se vuelve táctil y el ritmo baja. Aceptar ese ritmo es parte del método, no una concesión.

La parte ambiental

Hay un aspecto que este trabajo comparte con la arqueología subacuática: el objetivo no es solo retirar, es retirar sin causar más daño del que ya hay. Una red muy incrustada en un fondo rocoso o en un arrecife puede llevar años integrada, y arrancarla a lo bruto destruye lo que se pretendía proteger.

La decisión de retirar o de dejar parte del material puede corresponder al organismo que promueve la actuación, no a quien la ejecuta. En trabajos con implicación ambiental es habitual que haya supervisión especializada y criterios definidos de antemano sobre qué se saca y qué se corta y se deja.

Del mismo modo, la fauna asociada exige criterio: puede haber organismos vivos en el material y, en algunos entornos, especies protegidas. Ese punto se resuelve antes con quien encarga el trabajo, no improvisando en el fondo.

Qué pasa con el material en tierra

El trabajo no termina cuando el último tramo llega a cubierta. El material recuperado es un residuo: sale mojado, pesado, con arena, biomasa y a veces restos de fauna, y hay que gestionarlo conforme a la normativa del país donde se descarga.

Existen circuitos de reciclaje para ciertos plásticos de red, pero su disponibilidad depende del volumen, del estado del material y del país. Es un punto que hay que resolver en la fase de oferta y no al terminar la campaña, porque el coste de gestión puede ser significativo. La lógica general está en el artículo sobre gestión de residuos del trabajo submarino.

Documentar lo retirado

Casi siempre hay que dejar constancia de lo que se ha sacado, y no por burocracia: quien financia la campaña necesita justificar el resultado, y quien la ejecuta necesita acreditar el alcance cumplido.

El registro habitual incluye la posición de cada hallazgo, el tipo de arte, una estimación de su extensión, el peso recuperado, el estado del material y las incidencias encontradas. La fotografía y el vídeo submarino ayudan, pero en aguas turbias su valor es limitado, y el croquis del buzo con las medidas tomadas suele ser el documento más útil.

Hay un motivo adicional para documentar bien: los datos de retirada alimentan los programas ambientales que financian estas campañas y ayudan a decidir dónde actuar después. Un informe con posiciones precisas y tipos de arte identificados vale mucho más que un recuento de toneladas, y es lo que diferencia a un contratista que repite en el programa del año siguiente.

Cuando aparece material que no es un arte de pesca —restos de naufragio, munición o cualquier objeto sospechoso—, la regla es no tocarlo, marcar la posición y comunicarlo. Ese punto debe estar recogido en el procedimiento antes de empezar, con el interlocutor identificado, porque es exactamente la situación en la que improvisar sale caro.

Quién contrata este trabajo

El mercado es fragmentado. Hay programas públicos y de organizaciones ambientales que financian campañas de retirada en zonas concretas; hay autoridades portuarias que incluyen la limpieza de fondos en sus contratos de mantenimiento; y hay encargos puntuales de armadores o titulares de instalaciones cuando un aparejo perdido interfiere con su actividad.

Esa dependencia de la financiación disponible hace que el nicho sea irregular. Rara vez sostiene por sí solo a una empresa, pero encaja bien como complemento para contratistas de obra marítima o de salvamento, que ya tienen los medios y la experiencia de manejo de cargas.

Un trabajo con recorrido

La atención a los residuos marinos ha crecido, y con ella la disposición a financiar actuaciones. Para un buzo comercial, esto no es un cambio de profesión: es una especialidad más dentro del oficio, apoyada en habilidades que ya se tienen —búsqueda, corte, manejo de cargas, trabajo en visibilidad reducida— y que se aprenden en la formación básica.

Lo que sí aporta es una dimensión que muchos valoran: un trabajo submarino cuyo resultado se ve, se mide y deja el sitio mejor de como estaba. En una profesión que suele operar en la sombra de proyectos industriales, eso tiene su propio peso.

Preguntas frecuentes

¿Por qué es peligroso retirar una red perdida?

Porque el peligro principal no es la profundidad ni la corriente, sino el enredo. Una red perdida es una estructura tridimensional, a menudo invisible en agua turbia, con paños sueltos que se mueven y que atrapan casco, umbilical, arnés y herramienta. Todo el método de trabajo se diseña alrededor de evitar ese enredo y de poder salir si ocurre.

¿Qué equipo se usa para cortar?

Herramienta manual de corte —cuchillos, cizallas y cortadores específicos para cabo y malla— con redundancia: siempre más de un medio de corte, accesible con cualquiera de las dos manos. En material muy grueso pueden emplearse medios mecánicos, pero introducen su propio riesgo de enredo y no siempre compensan.

¿Se retira la red entera o por partes?

Casi siempre por partes. Sacar un arte completo de una sola pieza suele ser inviable y peligroso, porque el peso es imprevisible y porque tirar de un conjunto enredado puede desplazarlo sobre el buzo o dañar la estructura a la que está agarrado. Se secciona en tramos manejables y se eleva cada uno de forma controlada.

¿Quién paga este tipo de trabajo?

Depende del contexto. Hay programas públicos y de organizaciones ambientales que financian campañas de retirada, autoridades portuarias que contratan la limpieza de sus aguas, y también trabajos puntuales pagados por armadores o por titulares de instalaciones cuando un aparejo perdido afecta a su actividad. Es un mercado fragmentado y muy dependiente de la financiación disponible en cada momento.

¿Qué se hace con el material recuperado?

Se gestiona en tierra como residuo, y esa parte hay que preverla desde la oferta. El material sale con biomasa adherida, arena y a veces restos de fauna, lo que complica su tratamiento. Existen circuitos de reciclaje para determinados plásticos de red, pero su disponibilidad depende del país y del volumen recuperado.

Publicado el 8 de septiembre de 2026 · Por Arthur More, buzo de saturación profesional

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