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Inspección no destructiva de hormigón sumergido

En breve

La inspección no destructiva de hormigón sumergido combina inspección visual y táctil con sondeo acústico, ultrasonidos, medida de recubrimiento y potencial de corrosión. Bajo el agua casi todos los métodos pierden fiabilidad respecto a su versión en seco, así que el valor del trabajo está en la limpieza previa, la referencia posicional y la honestidad del informe.

Hay mucho hormigón bajo el agua y casi todo está envejeciendo. Muelles de cajones, pilotes de pantalanes, diques, paramentos de presa, tomas y descargas de agua, cimentaciones por gravedad, obras de defensa y encepados de aerogeneradores marinos. Todo eso se construyó con una vida de servicio prevista y buena parte lleva décadas trabajando en el peor ambiente posible para el material.

El propietario quiere saber en qué estado está sin sacarlo del agua, sin parar la explotación y sin romper nada. De ahí el encargo típico de inspección no destructiva sumergida. Y de ahí también la primera cosa que hay que decir con claridad: bajo el agua, la mayoría de los ensayos no destructivos dan menos información y con más incertidumbre que en seco. El trabajo consiste en saber exactamente cuánta menos, y decirlo en el informe.

Qué le pasa al hormigón bajo el agua

Entender los mecanismos de deterioro es lo que permite decidir qué buscar y dónde. En ambiente marino los principales son unos pocos y bastante conocidos.

El más importante es el ataque por cloruros. El agua de mar transporta cloruros que penetran el hormigón por difusión, alcanzan la armadura y destruyen la capa pasiva que la protege. A partir de ahí el acero se corroe, el óxido ocupa más volumen que el metal de origen y el hormigón fisura y se desprende. Ese desconchado que deja las barras a la vista es el estado final de un proceso que llevaba años en marcha sin verse.

La carbonatación actúa por un camino distinto —reducción de la alcalinidad por dióxido de carbono— y es característica de la zona expuesta al aire, no de la permanentemente sumergida. Por eso importa dónde se mide: en una estructura marina, la franja de carrera de marea y salpicaduras suele estar peor que la parte que nunca sale del agua, porque combina oxígeno disponible, humedad y ciclos de secado y humectación. La zona permanentemente sumergida tiene abundante humedad pero poco oxígeno, lo que ralentiza la corrosión activa.

A eso se suman la abrasión por arena en suspensión y por oleaje, el impacto de embarcaciones y de objetos, el ataque químico por sulfatos, la lixiviación en obra hidráulica de agua dulce, y la socavación al pie de la estructura, que no daña el material pero cambia el modelo estructural y puede ser lo más grave que encuentre la inspección.

La inspección visual y táctil sigue siendo la base

Ningún ensayo instrumental sustituye a un buzo recorriendo la estructura con criterio. La inspección visual y táctil detecta fisuración y su patrón, desconchados, armadura expuesta y su grado de pérdida de sección, juntas abiertas, huecos y coqueras, desplomes, pérdida de material por abrasión, y el estado del terreno al pie.

El problema es que bajo el agua «visual» es una palabra optimista. En muchos puertos la visibilidad se mide en centímetros y la inspección es táctil en un porcentaje alto del tiempo. Además, la superficie está colonizada: algas, mejillón, balanos, tubos calcáreos. Una capa de fouling de pocos centímetros esconde por completo una fisura, un desconchado o una barra expuesta.

De ahí una regla que separa el trabajo serio del que no lo es: sin limpieza previa no hay inspección. Hay que limpiar la superficie hasta el hormigón en las zonas donde se vaya a inspeccionar o medir, y hay que dejar constancia de cómo se limpió, porque el método de limpieza condiciona lo que se ve y puede incluso alterar la superficie. Una limpieza agresiva sobre hormigón degradado arranca material y falsea la evaluación.

Métodos aplicables bajo el agua y sus límites reales

Sondeo acústico

Golpear la superficie con un martillo y escuchar la respuesta es el método más barato y uno de los más útiles. Un sonido hueco delata delaminación: una zona donde el recubrimiento se ha despegado del núcleo, típicamente por corrosión de la armadura debajo. Bajo el agua el sonido se transmite de otra manera y el buzo, con casco y en un medio muy conductor, lo percibe distinto que en superficie; la diferencia entre sonido macizo y hueco sigue siendo detectable con práctica, pero el método es cualitativo y depende del operador. Se usa para mapear zonas sospechosas, no para cuantificar.

Índice de rebote

El esclerómetro es una herramienta clásica en seco y una fuente de problemas bajo el agua. Mide la dureza superficial y su correlación con la resistencia es indirecta y sensible a las condiciones. La saturación de agua altera la respuesta, la superficie sumergida rara vez está en el estado que la correlación supone, y la estabilidad del buzo para aplicar el instrumento perpendicular y con apoyo firme no es la de un técnico en tierra. Se puede usar para comparar zonas entre sí dentro de la misma estructura y el mismo día, pero convertir esos valores en una resistencia característica es un error que un informe honesto no comete.

Ultrasonidos y velocidad de pulso

La medida de velocidad de propagación de un pulso ultrasónico a través del hormigón sí aporta información sobre homogeneidad y sobre la presencia de defectos internos, huecos o fisuración profunda. Requiere acceso a dos caras opuestas para la transmisión directa, que es la configuración fiable, y eso limita su uso a elementos accesibles por ambos lados. En transmisión indirecta, sobre una sola cara, la interpretación se complica. El acoplamiento del transductor bajo el agua tiene la ventaja de que el medio ya es líquido, pero exige una superficie limpia y regular. La velocidad medida también depende del contenido de humedad, que en un elemento sumergido está en saturación, y eso hay que tenerlo en cuenta al comparar con referencias tomadas en seco.

Potencial de corrosión

La medida de potencial de media celda estima la probabilidad de que la armadura esté corroyéndose activamente, comparando el potencial del acero con un electrodo de referencia. En estructuras marinas es una de las medidas más útiles porque detecta actividad antes de que aparezca el daño visible. Bajo el agua tiene una peculiaridad importante: el agua de mar es un electrolito excelente y muy conductor, lo que facilita la medida pero también aplana las diferencias de potencial entre zonas, y los umbrales de interpretación desarrollados para estructuras en ambiente aéreo no se trasladan directamente. Además necesita conexión eléctrica a la armadura, lo que obliga a descubrir una barra en algún punto, y falsea el resultado si la estructura tiene protección catódica instalada. La lectura correcta es en términos de gradiente y de mapa relativo, no de valor absoluto contra una tabla.

Medida de recubrimiento y localización de armadura

El pachómetro localiza barras y estima el espesor de recubrimiento por inducción electromagnética. Funciona razonablemente bien sumergido si el equipo está preparado para ello, y su valor es doble: sirve para el diagnóstico —un recubrimiento escaso explica una corrosión temprana— y sirve para no cortar una barra cuando después haya que extraer un testigo o hacer una reparación.

Termografía y georradar

La termografía infrarroja, que en seco detecta delaminaciones por diferencia de calentamiento solar, no es aplicable bajo el agua: el agua homogeneiza la temperatura y absorbe la radiación infrarroja. El georradar sí puede usarse en versión sumergida, pero la elevada conductividad del agua de mar atenúa mucho la señal electromagnética y reduce la penetración; en agua dulce se comporta mejor. Es un método de especialista, con equipo específico, y su rendimiento depende tanto de la salinidad como del contenido de humedad del propio hormigón.

Cuando el ensayo no destructivo no basta

Casi todo diagnóstico serio acaba necesitando una comprobación destructiva puntual: la extracción de testigos. Un testigo permite ensayar resistencia a compresión sobre material real, medir el perfil de penetración de cloruros a distintas profundidades, comprobar la profundidad de carbonatación y examinar la microestructura. Es la única vía para convertir un mapa cualitativo en datos cuantitativos defendibles.

La lógica correcta es combinarlos: los métodos no destructivos localizan y priorizan; los testigos, pocos y bien elegidos, calibran. Extraer testigos bajo el agua tiene su propia complicación —fijación del equipo de perforación, reacción de par, recuperación de la muestra sin perderla, y sellado del hueco al terminar— pero es trabajo conocido y forma parte del equipamiento habitual de una empresa de inspección submarina.

El problema de fondo no es el método: es el medio

Conviene ser explícito sobre por qué todo esto es más difícil que en tierra.

La visibilidad limita la inspección visual y complica cualquier posicionamiento. La corriente empuja al buzo y al instrumento; un ensayo que exige presión constante y perpendicularidad se degrada cuando el operador es una plataforma inestable. El acceso a la parte inferior de una losa o a la cara interior de un cajón puede ser malo o nulo. La saturación de humedad del material afecta a varios métodos a la vez. Y hay una limitación de tiempo: el buzo tiene un tiempo de fondo, y cada medida cuesta más que en seco.

La consecuencia práctica es que la densidad de medidas realistas bajo el agua es mucho menor que en una inspección equivalente en tierra, y que la extrapolación de unos pocos puntos al conjunto de la estructura es el punto débil de todos estos informes. Reconocerlo no resta valor al trabajo: lo hace utilizable.

Documentación: donde se gana o se pierde el encargo

Un ensayo sin trazabilidad no vale nada. Todo lo que se mida bajo el agua tiene que poder situarse después en un plano, y eso obliga a establecer un sistema de referencia antes de empezar: cuadrícula marcada físicamente sobre la estructura o referencias a elementos identificables —número de pilote, junta, cota respecto a un nivel conocido—, con criterio único para todo el trabajo.

El registro debe incluir la identificación del equipo utilizado y su calibración vigente, las condiciones de la inspección (visibilidad, corriente, estado de la mar, cota de marea), el método de limpieza aplicado, la posición de cada medida, el valor bruto obtenido y no solo el interpretado, y fotografía o vídeo asociado. Quien firma el informe debe estar identificado, y su cualificación —de inspección y, cuando aplique, de ensayos no destructivos— documentada. La estructura de todo esto se parece mucho a la de cualquier informe de inspección de una empresa de buceo profesional: lo específico son los ensayos, no el formato.

El informe también debe separar con claridad tres cosas que se confunden a menudo: lo observado, lo medido y lo concluido. Y debe declarar lo que no se pudo inspeccionar y por qué. Un plano con zonas marcadas como no accesibles es información valiosa; un informe que las omite es un informe que engaña.

Quién hace este trabajo

La inspección de hormigón sumergido está en la frontera entre dos oficios. Por un lado el buceo profesional, con su formación, su organización de seguridad y su capacidad de trabajar bajo el agua de forma eficiente. Por otro la ingeniería de estructuras y los ensayos no destructivos, con sus cualificaciones específicas.

En la práctica se resuelve de dos maneras: un buzo con formación adicional en inspección y en ensayos, o un equipo mixto en el que el técnico dirige desde superficie a través de vídeo y comunicaciones mientras el buzo ejecuta. La segunda opción es habitual en obra grande; la primera es la que abre una salida profesional interesante a quien ya tiene la formación básica de buceo comercial y quiere especializarse en algo que se paga por criterio y no solo por horas de fondo. Las cualificaciones de inspección subacuática reconocidas internacionalmente son el camino habitual, y aparecen recogidas entre las certificaciones del sector.

Es, además, un trabajo con recorrido. Las infraestructuras marítimas construidas en las últimas décadas están entrando en la edad en la que el mantenimiento deja de ser opcional, y el propietario que quiere decidir si repara, refuerza o sustituye necesita antes un diagnóstico. Ese diagnóstico empieza siempre con alguien en el agua, limpiando un metro cuadrado de hormigón para ver qué hay debajo.

Preguntas frecuentes

¿Se puede saber la resistencia del hormigón sin extraer testigos?

No con fiabilidad. Los métodos indirectos como el índice de rebote o la velocidad de pulso ultrasónico dan indicaciones de homogeneidad y permiten comparar zonas entre sí, pero convertir esos valores en una resistencia característica exige calibrarlos contra testigos reales de la misma estructura. Bajo el agua esa incertidumbre es aún mayor.

¿Por qué es tan importante limpiar antes de inspeccionar?

Porque unos pocos centímetros de algas, mejillón o balanos tapan por completo una fisura, un desconchado o una barra expuesta, y ningún instrumento mide bien sobre una superficie colonizada. La limpieza debe llegar al hormigón en las zonas de medida y hay que documentar cómo se hizo, porque un método agresivo sobre hormigón degradado puede arrancar material y falsear el diagnóstico.

¿Sirve la medida de potencial de corrosión en agua de mar?

Sirve, pero se interpreta distinto. El agua de mar es muy conductora, lo que facilita la medida pero aplana las diferencias entre zonas, así que los umbrales pensados para estructuras al aire no se trasladan sin más. Se lee como mapa relativo y gradiente, no como valor absoluto, y no es válida si hay protección catódica activa.

¿Qué zona de una estructura marina suele estar peor?

Habitualmente la franja de carrera de marea y salpicaduras, porque combina humedad, oxígeno disponible y ciclos de secado y humectación. La parte permanentemente sumergida tiene mucha humedad pero poco oxígeno, lo que ralentiza la corrosión activa. Una inspección que solo mira bajo el agua puede perderse la zona más dañada.

¿Puede hacer estos ensayos cualquier buzo comercial?

La parte de buceo, sí; la parte de ensayo requiere formación específica. En obra se resuelve con un buzo que ha añadido cualificación de inspección subacuática y de ensayos no destructivos, o con un equipo mixto en el que un técnico dirige desde superficie por vídeo y comunicaciones mientras el buzo ejecuta las medidas.

¿Qué debe declarar siempre el informe?

Lo observado, lo medido y lo concluido por separado; el equipo empleado y su calibración; las condiciones reales de la inspección; el sistema de referencia posicional; y muy especialmente qué zonas no se pudieron inspeccionar y por qué. Un informe que omite las zonas inaccesibles da una falsa sensación de cobertura.

Publicado el 10 de septiembre de 2026 · Por Arthur More, buzo de saturación profesional

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