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Hormigonar y reparar bajo el agua: técnicas y límites reales

En breve

Bajo el agua el hormigón convencional se lava y pierde los finos antes de fraguar. Por eso se usan mezclas antilavado, morteros específicos y métodos de puesta en obra que evitan el contacto con el agua libre. La parte que más condiciona el resultado no es la mezcla, sino la preparación de la superficie.

La reparación de hormigón bajo el agua es una de esas especialidades que no aparecen en los folletos del buceo comercial y que, sin embargo, sostienen buena parte de la obra marítima y fluvial. Muelles, pilas de puente, diques, compuertas y cimentaciones se degradan, y arreglarlos casi nunca implica vaciar el agua.

Es también una disciplina donde el buzo deja de ser solo un par de manos y pasa a ser el ejecutor de un procedimiento constructivo. Lo que se hace mal bajo el agua no se ve hasta años después, cuando el parche se desprende.

Por qué el hormigón convencional no sirve sumergido

El hormigón es una mezcla de árido grueso, árido fino, cemento y agua. Su resistencia depende de que la pasta de cemento envuelva y una todos los granos. Si esa pasta se pierde, queda un esqueleto de piedras sin cohesión que no tiene ninguna capacidad estructural.

Exactamente eso ocurre cuando un hormigón convencional cae a través de una lámina de agua. El agua lo atraviesa, arrastra el cemento en suspensión y se lleva también las partículas más finas del árido. El resultado es un material segregado, con la lechada arriba, los áridos gruesos abajo y una resistencia impredecible.

Qué se pierde exactamente

Se pierden dos cosas que no se recuperan. La primera es cemento, es decir, capacidad de aglomerar. La segunda es la continuidad de la matriz: aunque quede cemento suficiente en el conjunto, la distribución deja de ser uniforme y aparecen zonas ricas y zonas pobres dentro de la misma pieza.

Hay además un efecto colateral que se nota en obra. El cemento lavado enturbia el agua alrededor del tajo y deja al buzo trabajando a ciegas en cuestión de segundos, lo que dificulta comprobar lo que se está haciendo justo en el momento en que más importa.

Mezclas específicas: antilavado y morteros de reparación

La respuesta del sector a este problema es doble: modificar la mezcla y modificar el método de puesta en obra. Ninguna de las dos cosas basta por separado.

Hormigones antilavado

Los hormigones antilavado incorporan aditivos que aumentan la viscosidad y la cohesión interna de la pasta. En términos prácticos, la mezcla se comporta como una masa que se resiste a disgregarse cuando el agua la atraviesa, en lugar de disolverse.

El problema es que la cohesión y la trabajabilidad tiran en direcciones opuestas: una mezcla muy cohesiva tiende a ser difícil de bombear y de colocar. Por eso estos hormigones combinan el aditivo de cohesión con superplastificantes, buscando un material que fluya bien pero que no se lave.

Morteros de reparación

Cuando el volumen es pequeño y lo que hay que rellenar es una oquedad, una coquera o el recubrimiento perdido sobre una armadura, no se usa hormigón sino mortero de reparación. Son productos de grano fino, alta adherencia y retracción controlada, formulados para aplicarse en condiciones húmedas.

Algunos se aplican a mano o con llana, otros se inyectan o se bombean dentro de un encofrado. Los hay de base cementosa y de base epoxídica, y la elección depende de la agresividad del entorno, del espesor a reponer y de si la zona queda o no permanentemente sumergida.

Métodos de puesta en obra

La regla de oro es simple: el hormigón fresco no debe atravesar agua libre. Todos los métodos utilizados en obra sumergida son variaciones sobre esa idea.

Tubo tremie

Es el método clásico para volúmenes grandes. Se introduce un tubo hasta el fondo del recinto a hormigonar y se vierte por él, manteniendo siempre la boca del tubo embebida dentro de la masa ya colocada. El hormigón nuevo empuja al anterior desde dentro y desplaza el agua hacia arriba, sin mezclarse con ella.

La operación tiene un punto crítico evidente: si la boca del tubo se descubre, entra agua, se produce lavado y la continuidad de la pieza queda comprometida. Por eso el vertido se hace de forma continua y el tubo se va levantando de manera controlada, con el buzo o un ROV comprobando el nivel de la masa.

Bombeo directo

Con hormigón antilavado y una manguera de bombeo puede colocarse el material directamente en el punto de trabajo, manteniendo la boquilla enterrada en la masa. Es más ágil que el tremie para volúmenes moderados y permite llegar a puntos donde no cabe un tubo rígido.

A cambio, exige coordinación fina entre el buzo que dirige la boquilla y el operador de la bomba en superficie. Un arranque brusco o una parada larga con la manguera cargada dan problemas, así que la comunicación por el umbilical deja de ser un trámite y pasa a ser parte del procedimiento.

Bolsas y encofrados textiles

Para reparar pilotes, pilas y elementos de geometría más o menos regular se usan encofrados de tejido técnico que se ciñen alrededor del elemento y se rellenan por bombeo. El tejido retiene la pasta y deja escapar parte del agua, lo que mejora la relación agua-cemento del material colocado.

La ventaja es logística: pesan poco, se transportan enrollados y un equipo pequeño los coloca sin grúa. La limitación es que el resultado depende mucho del ajuste del textil al soporte y de que las costuras y cierres aguanten la presión de bombeo.

Inyección de lechada y árido precolocado

El método de árido precolocado, conocido en inglés como prepacked aggregate, invierte el orden habitual. Primero se rellena el encofrado con árido grueso limpio y bien graduado, y después se inyecta una lechada de cemento desde el punto más bajo, que va ascendiendo y ocupando los huecos entre las piedras mientras desplaza el agua.

Es una técnica útil en recintos de geometría complicada y en rellenos de gran volumen, porque el árido no se lava y la lechada, al inyectarse desde abajo, tampoco atraviesa agua libre. Requiere control estricto de la fluidez de la lechada y de la secuencia de puntos de inyección.

La inyección de lechada por sí sola, sin árido precolocado, se emplea para sellar fisuras, rellenar huecos bajo losas y consolidar contactos entre estructura y terreno.

La preparación de la superficie: la parte que decide el resultado

Todo lo anterior es la parte visible del trabajo. La parte que determina si la reparación dura es anterior y menos vistosa: preparar el soporte.

Limpieza

Sobre hormigón sumergido crece de todo. Algas, incrustaciones calcáreas, mejillón, sedimento fino. Nada de eso admite adherencia, así que hay que retirarlo hasta llegar a hormigón sano. Se hace con hidrolimpiadora de alta presión, cepillos, rascadores y herramienta neumática o hidráulica según el caso. Es un trabajo lento y mal remunerado en términos de espectacularidad, pero condiciona todo lo demás.

Hidrodemolición

Para retirar hormigón deteriorado hay dos vías. La percusión mecánica es rápida pero microfisura el material que queda y puede dañar las armaduras. La hidrodemolición, que usa un chorro de agua a muy alta presión, elimina selectivamente el hormigón degradado y respeta el sano, dejando además una superficie rugosa y limpia que es un soporte excelente para el material nuevo.

Es una operación con riesgos propios muy serios: el chorro corta tejidos y genera una fuerza de reacción considerable. Se trabaja con procedimientos específicos, con el equipo posicionado y con el buzo fuera de la línea de tiro, y forma parte del equipamiento especializado que no todas las empresas tienen.

Armaduras corroídas

Cuando la corrosión ha llegado al acero, tapar sin más es garantizar que el problema siga avanzando bajo el parche. El procedimiento correcto pasa por descubrir la armadura por completo alrededor de su perímetro, limpiarla hasta grado de acero desnudo, valorar la pérdida de sección y decidir si se recupera con solape de barras nuevas o si basta con proteger y recubrir.

Hay que retirar además el hormigón contaminado por cloruros alrededor de la zona, porque si se deja en contacto la reparación puede acelerar la corrosión en los bordes. En estructuras marinas expuestas suele valorarse también la protección catódica como complemento, y su comportamiento se sigue después mediante inspecciones periódicas del tipo descrito en la inspección de obra civil sumergida.

Encofrados sumergidos

El encofrado bajo el agua tiene que resolver dos cosas a la vez: dar forma y evitar la fuga de la pasta. Se usan paneles metálicos o de madera fenólica, moldes prefabricados, encofrados textiles y sistemas mixtos.

Los puntos delicados son el sellado del contacto con la estructura existente, que se resuelve con juntas de material comprimible o con sellados previos, y el anclaje, porque el hormigón fresco ejerce un empuje que el buzo no puede contrarrestar con las manos. La colocación se apoya con frecuencia en plataformas y andamios sumergidos que permiten trabajar con estabilidad y con las dos manos libres.

Hay que prever además la salida del agua y del aire desplazados. Un encofrado sin respiraderos en los puntos altos deja bolsas que quedan huecas y que aparecen luego como coqueras justo donde peor vienen.

Control de calidad

La comprobación no puede limitarse a mirar. Se controla la mezcla en superficie, con ensayos de consistencia y probetas, y se controla el resultado en obra mediante inspección visual detallada, percusión para detectar zonas huecas y, cuando el proyecto lo exige, extracción de testigos para ensayar resistencia y adherencia.

Todo eso se documenta. En obra civil marítima la trazabilidad del proceso tiene tanto peso como el resultado, y buena parte del valor que aporta un equipo experimentado está en registrar bien lo que se ha hecho, con fotografía, vídeo y partes firmados.

Dónde aparece este trabajo

Las aplicaciones típicas son pilas y estribos de puentes sobre agua, muelles y pantalanes, diques y espigones, cimentaciones y encepados, compuertas y estructuras hidráulicas, y en general cualquier hormigón atacado por el ambiente marino. Es un mercado ligado a la obra pública y a la conservación de infraestructuras, con una demanda más estable y menos cíclica que la del sector energético offshore.

Buena parte de esta actividad se concentra en zonas portuarias, donde convive con el resto del trabajo de puerto y obra marítima y donde suele haber empresas locales especializadas. El listado de empresas del sector da una idea del tipo de compañía que ejecuta estos contratos.

Qué perfil pide

Este trabajo premia un tipo de buzo concreto: paciente, ordenado y capaz de seguir un procedimiento constructivo sin improvisar. La habilidad diferencial no es la profundidad, porque casi siempre se trabaja en cotas modestas, sino la destreza manual con visibilidad reducida y la comprensión de por qué cada paso está donde está.

La puerta de entrada es la misma que en el resto del oficio: una titulación reconocida en el mercado donde se quiera trabajar, según el mapa de certificaciones, y el itinerario que describe la guía de formación como buzo comercial. A partir de ahí, la especialización se adquiere en obra, acompañando a equipos que ya la dominan.

Conclusión

Hormigonar bajo el agua no es hormigonar en seco con más dificultad: es un procedimiento distinto, con mezclas propias y con métodos pensados para que el material nunca entre en contacto con agua libre. Entender esa lógica evita la mayoría de los errores de bulto.

Y la lección que repiten todos los equipos con experiencia es que la mezcla importa menos de lo que parece. Un hormigón excelente sobre una superficie sucia o sobre una armadura mal tratada acaba desprendiéndose igual. La calidad de una reparación submarina se decide en las horas de limpieza y preparación que nadie ve.

Preguntas frecuentes

¿Se puede hormigonar directamente bajo el agua?

Con hormigón convencional no, porque el agua arrastra la pasta de cemento y las partículas finas y la mezcla pierde cohesión y resistencia. Se hormigona bajo el agua con mezclas específicas antilavado y con métodos que impiden que el hormigón fresco caiga libremente a través del agua.

¿Qué es un hormigón antilavado?

Es un hormigón dosificado con aditivos que aumentan la cohesión interna de la mezcla, de modo que la pasta queda retenida y resiste el arrastre del agua. Suele combinarse con superplastificantes para mantener la fluidez, ya que la mezcla debe ser muy trabajable y a la vez muy cohesiva.

¿Qué es el método del tubo tremie?

Consiste en verter el hormigón por un tubo cuya boca permanece siempre embebida dentro de la masa ya vertida. Así el hormigón fresco nunca atraviesa agua libre: empuja desde dentro y desplaza el agua hacia arriba, lo que mantiene la homogeneidad del conjunto.

¿Hace falta ser buzo para trabajar en reparación estructural submarina?

Sí, cuando el trabajo exige manos bajo el agua: limpieza, colocación de encofrados, guiado del tremie, tratamiento de armaduras y verificación del resultado. Requiere una certificación de buceo comercial reconocida y, en la práctica, experiencia previa en obra civil o marítima.

¿Cuánto dura una reparación de hormigón bajo el agua?

Depende del alcance, de las condiciones y de la calidad de la preparación, así que no hay una cifra general. Lo que sí es constante es que una reparación mal preparada falla por la interfaz con el hormigón antiguo mucho antes de que falle el material nuevo.

Publicado el 4 de septiembre de 2026 · Por Arthur More, buzo de saturación profesional

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